martes, 17 de julio de 2007

Post data...

Al salir de ahí, pensé en los goliardos, aquellos para quienes los placeres eran parte de la creación y otorgados por el creador para el deleite. Pensé en Adán y Eva, y en el sabor que debe haber quedado en sus labios luego de haber comido la fruta incomible. Pensé en el sabor de lo prohibido. Pensé en Ulises atado al mástil mientras lo tentaba el canto de las sirenas. Y volví a escuchar el hechizante canto desgarrado, ese que tan bien conocía y que ahora me sonaba tan distinto, tan ajeno; y nadie hubo que me atara ni tapara con cera mis oídos. Pensé en los que sucumben ante las tentaciones y me conté entre ellos. Te pensé tentación y fui feliz... Y mientras me alejaba perdiéndome en el frío, sabía que te perdía para siempre.

sábado, 7 de julio de 2007

Mierda.

Mierda. Hace horas que amaneció y recién abro los ojos. Y otra vez no llegué a trabajar. Diez y siete llamadas perdidas del trabajo, que se vayan diez y siete veces a la mierda. Camino hasta el espejo y veo mi cara. Mierda, que mierda de cara. Que mierda de noche y que mierda de resaca. No se me ven los ojos entre medio de estas ojeras de mierda. No escucho, pero todos los sonidos se amplifican en mi cabeza, retumban, hacen eco, me marean. Mierda. ¿Y si llego más tarde a la oficina? Podría haber estado haciendo un trámite urgente, una reunión, algún desayuno con algún japonés de mierda que quería invertir sus billetes de mierda en nuestra empresa de mierda. Imposible. Con esta cara no me la creen. Qué mierda de resaca, ni siquiera puedo inventar excusas. Y si sigo parado frente al espejo contemplando mi cara, me voy a deprimir. Y cuando me deprimo, me voy a la mierda. Y de la mierda no me saca nadie. Mejor enciendo un cigarro y dejo que todo se haga humo. Mierda, debo haberme fumado el último antes de dormirme y sólo está la cajetilla vacía. Y la vieja de mierda del boliche de al lado no me va a querer vender: se empecinó en que deje de fumar y se rehúsa a venderme cigarros. Que se pudra en la mierda. Al final, la que deja de ganar es ella. Y el que se queda sin fumar soy yo. Puta vieja de mierda. Caprichosa como todas las su género. Caprichosa como hembra. Y eso que de hembra sólo le debe quedar el recuerdo. Mierda: el teléfono. Ahora son diez y ocho las llamadas perdidas del trabajo. Si no invento algo, lo perdido será el mismísimo trabajo. Mierda. Mierda. Mierda. Sin un cigarro no puedo pensar en nada más que en fumar. Y otra vez suena el teléfono. Y retumba en mi cabeza. Y lo lanzo por la ventana. Y cae los siete pisos hacia la calle. Y se hace mierda junto a un auto estacionado. Y… claro, esa es la excusa: me asaltaron, quedé sin teléfono, me quitaron las llaves de la casa y anoche no pude entrar a dormir, por eso no contesté y por eso esta cara de mierda. Llamaré para avisar. Mierda: el teléfono está siete pisos más abajo. Y está hecho mierda…

martes, 3 de julio de 2007

De finales, suertes y cigarros

...Y mientras el cigarro se consume entre mis dedos
gusano inerte de tabaco quemado
no dejo de pensar en los finales
el fin como destino
como último destino
estación terminal
el polvo al que todos regresamos
y al que todo regresa
el regreso al barro
al polvo de tierra
al polvo cósmico
al polvo de calentura
y después oscuro

bajo tierra no hay coronas
ni de oro ni de espinas

bajo tierra no hay cigarros
ni creo que los necesites
al final no hay cigarros
y ni los gusanos importan demasiado...

y sin embargo
que suerte tuve
de haber estado en el mundo
y haberte visto.